Escuela de Chicago

 

En 1871 gran parte de la ciudad de Chicago, uno de los principales núcleos de la Revolución Industrial en Estados Unidos , fue destruida por un incendio devastador. Las necesidades de realizar una rápida reconstrucción y el espíritu de los habitantes dio lugar a una auténtica maratón constructiva, un boom arquitectónico sin precedentes en el mundo. Ahora bien , había que resolver las necesidades de la velocidad en la reconstrucción , evitar el uso de la madera y superar el encarecimiento constante del suelo urbano. Así nació la escuela de Chicago, la gran revolución de la arquitectura contemporánea.

 

estas son las siguientes características se la escuela de chicago:

La invención de nuevas tipologías: los edificios comerciales y los rascacielos:                                 Chicago, la ciudad del comercio, exigía espacios apropiados para esa función. Superadas las ferias y mercados, los empresarios requerían una nueva tipología edificatoria para la nueva economía que estaba surgiendo. Estos edificios comerciales debían ofrecer, entre otras cuestiones, flexibilidad en la distribución espacial para posibilitar diferentes alternativas de utilización.
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A esta idea se sumaron también las empresas, que veían crecer sus recursos humanos y, muy especialmente, los departamentos administrativos complementarios de los industriales y comerciales. Se requería más espacio y se insistía en la necesidad de sacar más superficie útil a las construcciones.

Pero el problema determinante fue que, sobre el limitado espacio central de la ciudad, crecía sin freno la demanda de ubicación en él. Crecer en altura para sacar mayor partido al suelo disponible se convirtió en una obsesión.

La alternativa estructural metálica fue la respuesta que liberó a las edificaciones de las rigideces portantes de los muros de carga o de las estructuras voluminosas y permitió el crecimiento extraordinario de su altura.

En este caldo de cultivo se fueron consolidando las nuevas edificaciones, que recogían las innovaciones espaciales fundamentadas en los descubrimientos técnicos.

Y como paradigma de estos edificios surgió el rascacielos, que aprovechaba al máximo el potencial tecnológico exprimiendo las posibilidades de cada parcela.

No obstante, el rascacielos, más allá de la eficiencia de su relación entre edificabilidad y suelo ocupado, también fue un símbolo de poder y representación para empresarios y hombres de negocios. El prestigio asociado a la edificación en altura era experimentado desde tiempos remotos. Pero ahora, la tecnología abría posibilidades insospechadas. Se inició una carrera vertiginosa hacia la conquista de los cielos que, además de la eficacia y de la especulación, también respondía al ego de sus promotores.

→ Una nueva concepción estructural: acero y hormigón armado en cimentación:                                  El primer paso tecnológico estuvo asociado a la incorporación del acero como material estructural para la edificación. El acero ya había sido utilizado con esa finalidad en los últimos años. Pero su uso se había limitado a grandes edificios que requerían espacios muy amplios, como los extraordinarios contendores de las exposiciones universales. 2012_04_28_Chicago_LBJ

La necesidad de espacio flexible, que requerían los nuevos edificios comerciales y administrativos, llevó a la consolidación del acero. Era un material que posibilitaba menores ocupaciones de los elementos estructurales, además de facilitar una mayor altura con grosores inferiores a los que exigían las técnicas constructivas habituales hasta entonces.

La estructura metálica de los edificios tuvo dos consecuencias inmediatas, una la liberalización del diseño de las plantas y otra, la independencia de la fachada respecto de la estructura portante.

La retícula estructural de acero abrió nuevas posibilidades tipológicas, particularmente en los edificios no residenciales, que pudieron comenzar a crecer en altura.

Pero el subsuelo pantanoso de Chicago era un inconveniente para esos edificios cada vez más altos y pesados: su cimentación ocasionaba graves problemas de hundimientos diferenciales. Esto había condicionado anteriormente la construcción de las edificaciones, que eran, por lo general, livianas y muchas veces, simplemente se apoyaban sobre él.

La edificación en situaciones adversas similares no era nueva, e históricamente se había solucionado con pilotes, que se hincaban profundamente en el suelo para transmitir las cargas del edificio por rozamiento. Pero esta solución era muy costosa e impredecible en algunos casos. Los arquitectos e ingenieros del grupo idearon una cimentación en “losa” que permitía el reparto adecuado de las cargas en terrenos poco aptos para ello. El hormigón era el material adecuado pero su verdadera efectividad surgió cuando se alió con el acero (hormigón armado) para producir cimentación en losas flotantes.

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→ El ascensor y la colonización de la altura:                                                                                                                Los edificios en altura, que comenzaban a ser viables constructivamente gracias a la estructura metálica, no hubiera sido posibles, operativamente, sin el invento del ascensor. Esta fue la innovación decisiva para la consolidación de los rascacielos.

Los elevadores eran conocidos y utilizados desde hacía mucho tiempo. Pero su destino era fundamentalmente para mercancías  ya que no ofrecían suficientes garantías para el transporte de personas. Esta situación cambió cuando Elisha Graves Otis (1811-1861) construyó el primer ascensor “seguro”, que fue presentado con gran éxito en la World´s Fairde Nueva York en 1853. El sistema Otis, con una nueva mecánica que incorporaba un mecanismo de seguridad, transmitió la confianza necesaria para el traslado de personas.  Años después, en 1880, Werner von Siemens introdujo el motor eléctrico.

Los arquitectos de la Escuela de Chicago se apoyaron en este revolucionario invento para consolidar la conquista de la altura.

→ Una nueva composición de fachadas: La piel no portante y la “ventana Chicago”:                            Los edificios de la Escuela de Chicago ofrecían un aspecto diferente. La fachada ya no formaba parte de la estructura portante del edificio y esta independencia, posibilitó la exploración de nuevas composiciones. Sobre todo en el planteamiento de sus huecos.

Además, los edificios no residenciales no requerían la intimidad de las viviendas, que recomendaban huecos menores. Por el contrario, estos edificios buscaban la mayor luz natural posible para favorecer las necesidades laborales.

Así pues, los edificios comerciales y administrativos de la Escuela de Chicago, descubrieron que, entre pilar y pilar podía haber un hueco continuo. Esto sugería el predominio horizontal de las ventanas, superando las directrices verticales o las necesidades de arcos constructivos.

La ventana de Chicago fue un tipo de hueco, por lo general tripartito, que se convirtió en uno de los iconos de la escuela. En muchos casos, y con el objetivo de ganar espacio, estas ventanas comenzaron a “volar” sobre la línea de fachada, generando un efecto similar a las bow windows inglesas. No obstante, todavía quedaba recorrido tecnológico para las fachadas libres acristaladas (muros cortina), tan características de generaciones posteriores de rascacielos.

La Escuela de Chicago: II. Arquitectos

La Escuela de Chicago no es un grupo oficial de arquitectos, sino una denominación historiográfica que designa a unos profesionales que trabajaron en una ciudad y en un momento determinado (último cuarto del siglo XIX). Durante ese periodo, compartieron unos principios y una forma de entender la arquitectura que se reflejó en sus propuestas, presentando importantes innovaciones tipológicas, constructivas y estilísticas.

Aunque la vida profesional de algunos de ellos se prolongó durante el siglo XX, sus caminos fueron divergiendo.

 

Los arquitectos más importante són:

Adler y Sullivan

Dankmar Adler (1844-1900) había nacido en Alemania y estudió Ingeniería Civil en los Estados Unidos, instalándose en Chicago donde comenzó a trabajar como arquitecto en varias firmas. En 1879 funda su propio estudio, Adler&Co. Por su parte, Louis Sullivan (1856-1924), de Boston, estudió en arquitectura en el Tecnológico de Massachusetts y se instaló en Chicago en 1873. Tras un breve paso por la firma de Le Barón Jenney, marchó a estudiar durante un año a París. A su vuelta comenzó a trabajar para la firma Johnston & Edleman.

En 1879 Adler contrató a Sullivan y un año después se asociaron creando Adler&Sullivan. Adler dirigía laestrategia y la gestión mientras Sullivan se encargaba del diseño. La firma llegó ser una de las referencias de la Escuela de Chicago, pero la crisis de 1893 les trajo problemas financieros, disolviendo la empresa en 1894 y siguiendo caminos separados.

 

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http://urban-networks.blogspot.com.es/2012/04/la-escuela-de-chicago-una-nueva.html

Anais martin y Carla Mas

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