Mileniarismo

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El milenarismo o quiliasmo es la doctrina según la cual Cristo volverá para reinar sobre la Tierra durante mil años, antes del último combate contra el mal, la condena del Diablo al perder toda su influencia para la eternidad y el Juicio Universal. Es por ello que es comúnmente conocido como “milenio”, mientras que la creencia en la futura realización del reino es llamado “milenarismo”.

Tuvo influencia en la Iglesia del siglo II de la era cristiana, en la Edad Media y durante el siglo XX entre teólogos católicos de América del Sur influidos por la obra del sacerdote chileno Manuel Lacunza. Actualmente entre algunos católicos tradicionalistas y algunos protestantes fundamentalistas.

Los terrores del año mil

El siglo X europeo ha sido catalogado tradicionalmente como un período histórico oscuro y su culminación se ha planteado como una época de temores particularmente impactantes, que no responden tanto a una presencia de carácter apocalíptico, sino más bien a un conjunto de amenazas y condiciones específicas de la vida cotidiana. Los “terrores del año mil” son una etiquetación posterior, introducida en el plano de lo excepcional y de lo intelectual

 

Los fenómenos de psicología colectiva en Historia presentan complejas interpretaciones. El milenarismo es una manifestación de la escatología cristiana que presuponía el final inminente de los tiempos. Cristo, a su Segunda Venida, establecería un reino terrenal perfecto y reinaría durante mil años antes del Juicio Final. El término milenarismo se ha adoptado, en un sentido más amplio, para designar a todos los tipos particulares de sectas salvacionistas, ligado al concepto de mesianismo. En la Edad Media el temor al fin de los tiempos debió estar presente en la conciencia de las gentes, muy apegadas e una mentalidad mítica y simbólica.

   Las interpretaciones del Apocalipsis

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Tanto la idea del fin del mundo como la periodicidad milenaria se reflejan en la religión o filosofía de los pueblos, como un elemento fundamental: así, en el mazdeísmo iranio, en la mitología germánica, en varias comunidades islámicas, incluso se puede escarbar en la filosofía de Heráclito, en los postulados estoicos y en el pensamiento de Cicerón. Según el milenarismo cristiano, que continúa una antigua tradición judaica, Cristo debe gobernar el mundo durante un período de mil años (millenium). Esto no queda recogido por la literatura evangélica ni apostólica, pero sí por el Apocalipsis de San Juan: el reino mesiánico debía durar mil años; después, tras la destrucción y el juicio a los muertos, los elegidos alcanzarán un reino de gloria.

Manifestaciones milenaristas entre los siglos XI y XIV

 

Pasado el año mil, Europa se cubrió de construcciones religiosas. El siglo XI asiste al nacimiento del arte románico, al auge de las peregrinaciones a Tierra Santa y a la evangelización de los eslavos y escandinavos, dentro de unas estructuras socioeconómicas arraigadas en el feudalismo e impulsadas por el fenómeno roturador de nuevas tierras. La idea del Apocalipsis estaba bien visible en los fieles cristianos, con las representaciones del Juicio Final en los tímpanos de las iglesias desde el siglo XI al XIII. El recurso al Apocalipsis aparecía ante cataclismos políticos, militares o morales.

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Los textos iban destinados a los que sabían leer y las imágenes y su trasposición en la piedra escultural, a los que no sabían leer: la enseñanza de la fe era propagada por los ojos. Relacionada con la idea apocalíptica, se desarrolló la estética del feismo, que se basaba en el bestiario de los animales para representar el mundo demoníaco, si bien en los siglos XI y XII la figura humana fue predominante. Se acudía a lo grotesco, a lo feo y a lo monstruoso con objeto de que los fieles identificaran la estupidez en el pecado y el horror a la condenación en el Juicio Final. En muchos comentarios del Apocalipsis se presenta a la Avaritia y a la Luxuria como los estigmas de los siervos del Anticristo. El pecado es repelente y se representa alegóricamente; por ejemplo, la lujuria es una mujer a la que unos sapos roen sus vergüenzas. Estas representaciones abundaron en las iglesias rurales del románico francés, como en Saint-Benoît-sur-Loire y Saint-Savin-sur-Gartempe; en la península Ibérica destaca, entre otros, el bello pórtico de Santa María de Sangüesa.

 

 

http://ec.aciprensa.com/wiki/Milenarismo

http://www.uned.es/temple/milenarismo.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Milenarismo

 

ANA, JUDITH, JENNIFER, SAM

 

 

 

 

 

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